Uno en Cristo: El Poder y la Belleza de la Unidad del Evangelio

“Saludos, queridos hermanos, que la gracia del Señor sea con ustedes. El domingo pasado por la noche, estuve en una conferencia de jóvenes de la iglesia con nuestros hermanos y hermanas haitianos. El tema fue el manejo bíblico de conflictos. Fue una experiencia extraordinaria, ya que el Señor une providencialmente las culturas a través del evangelio. Y de dos hace un solo pueblo, con un solo Señor y Salvador, el Señor Jesucristo. A Dios sea la gloria.” – Francisco Rosario
La actualización del Pastor Francisco Rosario resalta maravillosamente una verdad profunda: el Evangelio de Jesucristo tiene el poder de unir a las personas por encima de todas las divisiones terrenales, creando una nueva familia en Él. En un mundo a menudo marcado por el racismo, la injusticia y la división, la Iglesia está llamada a ser una contracultura radical, una demostración visible de la unidad y el amor que solo Cristo hace posible. Esto no es solo un ideal elevado, sino un aspecto central de nuestro llamado. El apóstol Pablo declaró poderosamente: “Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28). Esta fue una declaración revolucionaria en su tiempo, y sigue siendo un mandato poderoso para nosotros hoy.

La belleza de esta unidad en el cuerpo de Cristo ofrece un destello del cielo mismo. La visión de Juan en Apocalipsis describe una gran multitud de “toda nación, tribu, pueblo y lengua, de pie delante del trono y delante del Cordero” (Apocalipsis 7:9), todos adorando juntos. Este es el diseño último de Dios para Su pueblo. Cuando la Iglesia permite que las tendencias mundiales de odio, sospecha o estratificación étnica y social se infiltren en su comunión, es un engaño trágico y una negación de nuestro alto llamado. Cristo nos ha llamado a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y como enseña la parábola del Buen Samaritano, nuestro prójimo es cualquiera que esté en necesidad, independientemente de su origen. Abrazar esta unidad diversa, forjada por el Espíritu, no siempre es cómodo o fácil, pero es un hermoso testimonio del poder del Evangelio para reconciliarnos primero con Dios, y luego unos con otros, haciendo grande Su nombre entre las naciones.

SOLI DEO GLORIA

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