Buscando sabiduría en las pruebas (Santiago 1:5-8)
“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos con generosidad y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar, porque el que duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Que 1 no piense tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor, pues es un hombre indeciso, inestable en todos sus caminos.” – Santiago 1:5-8 (NBLA)
Contexto histórico: Los primeros cristianos a menudo enfrentaban decisiones difíciles y necesitaban sabiduría para navegar en un mundo hostil.
Contexto cultural: La sabiduría era muy valorada en las culturas antiguas, considerada esenciales para afrontar los desafíos de la vida.
Punto principal: Cuando se enfrentan a pruebas que requieren sabiduría, los creyentes deben pedir con confianza a Dios, quien la provee generosamente. Sin embargo, esta petición debe hacerse con fe inquebrantable, no con duda o indecisión. En Cristo, encontramos la encarnación de la verdadera sabiduría (1 Corintios 1:30). Al permanecer en Él, podemos recurrir a Su sabiduría para navegar las complejidades de la vida.
Aplicación práctica: ¿Estás enfrentando una decisión que requiere sabiduría? No confíes en tu propio entendimiento ni en las opiniones de los demás. Lleva tu petición a Dios en oración, confiando en que Él te proveerá generosamente la sabiduría que necesitas. Recuerda acercarte a Él con un corazón de fe, creyendo que Él responderá de acuerdo con Su perfecta voluntad.
¿En qué áreas de tu vida necesitas la sabiduría de Dios en este momento?
¿Cómo puedes buscar Su guía con fe y confianza, sin dejar que la duda te paralice?
Escrito por Antonio Salgado
Antonio sirve como director de BCM, supervisando los esfuerzos ministeriales en la República Dominicana, Haití y Venezuela.
Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros, por vuestra participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora.”
– Filipenses 1:3-5
